Importancia de los hábitos alimentarios

La buena alimentación durante la infancia y la adolescencia es necesaria para lograr un estado de salud y un desarrollo óptimos. A la vez va a ser útil para prevenir enfermedades de alta incidencia en edades posteriores como la hipertensión, la obesidad o cardiopatías.

Al principio existe una etapa de crecimiento acelerado durante el primer año de vida, para seguir luego un crecimiento estable desde los tres años hasta la pubertad. Por esto, y como los requerimientos de energía son menores, puede disminuir el apetito sobre todo si se compara con la época de lactante.

Al principio el niño quiere coger, probar y tocar todo tipo de alimentos, cambiando esa conducta a partir de los 2-3 años en que empieza a tener preferencia o rechazo a por determinados alimentos. En estos años es importante cuidar tanto la cantidad como la variedad de los alimentos consumidos, así como las actitudes y comportamientos de los padres.

El inicio de la socialización en otros medios (familiares, escolares,..) puede ejercer una notable influencia sobre su dieta al incitarle al consumo de dulces, bollería, chocolate o golosinas que les resultan más atractivos que la comida ‘normal’. Desde ese punto de vista el comedor escolar puede ser utilizado en positivo como instrumento de educación nutricional.

Evidentemente la alimentación se ve sometida en el niño a un continuo proceso de aprendizaje, siendo durante la etapa infantil cuando se van a adquirir los hábitos alimentarios que se pueden mantener durante toda la vida y que tanta repercusión van a tener en la edad adulta. La modificación de dichos hábitos en edades posteriores va a ser muy difícil.

El hijo debe formar parte de la ‘mesa familiar’, siempre que el horario laboral de los padres lo permita, ya que la observación y la imitación facilita la instauración de hábitos alimentarios adecuados.

  • Los padres (muchas veces más la madre) habrán decidido lo que se come; primer plato, segundo, postre.
  • También habrán organizado cuando se come: desayuno, merienda matinal, comida, merienda y cena.
  • Los cambios de texturas hay que incluirlas dentro de la alimentación habitual, y no prolongar el uso de los biberones, “todo triturados”, …..
  • Comer despacio y masticar correctamente favorecerá una buena digestión.
  • Para beber, agua.
  • El hijo no se levantará de la mesa hasta que los padres lo hayan decidido.
  • Un ejemplo vale más que mil palabras. Los niños aprenden más de los que ven, que de lo que se les dice.
  • La televisión no forma parte de la mesa familiar, y debe haber un tiempo para cada actividad: para jugar, para ver la tele, para comer, para el baño…..
  • Procurar evitar interrupciones durante la comida (llamadas telefónicas, ordenador, …..)

En el caso de que el hijo o la hija se quede a comer en el comedor escolar, los padres deben preocuparse de que le sirva de ayuda para la creación de hábitos, pero teniendo siempre presente que son ellos, los padres, los que deben realizar el papel más importante.

La comida entre horas, el picoteo, es un mal hábito dietético que se puede pagar con falta de apetito, sobrepeso o caries.

La publicidad, en especial la televisiva, ejerce gran influencia en la creación de hábitos dietéticos en los más jóvenes de la casa; de ahí la importancia de nuevo del papel moderador de la familia.

La dieta ha de ser apetecible, variada y de preparación sencilla, valorando las costumbres, gustos y condicionamientos sociales del menor.

En la elaboración de la dieta hay que utilizar todos los grupos alimentarios:

  • Leche o derivados lácteos,
  • Carne, pescado y huevos
  • Legumbres
  • Verduras y hortalizas
  • Frutas
  • Pan y pasta
  • Grasas y aceites
  • Agua

 

Los padres han de recordar:

  • No se debe utilizar la alimentación como medio de ‘recompensa’ o ‘entretenimiento’.
  • Comer es un placer más que una obligación; por ello es importante cuidar la mesa, los utensilios, la presentación de los platos,…
  • Cuando llegan los caprichos (2-3 años) hay que procurar no ceder ante ellos ya que provocaría una dieta defectuosa. Las normas pueden ser flexibles.
  • Como las ‘fobias’ o ‘apetencias’ no son permanentes se les debe seguir ofreciendo todo tipo de alimentos, de forma progresiva para que, poco a poco, vayan siendo aceptados, logrando así un mejor aprendizaje alimentario.
  • Se puede aprovechar el inicio de las comidas, que es cuando el niño tiene más apetito, para introducir los nuevos alimentos.
  • Si un niño está cansado, con sueño o excitado como consecuencia de sus juegos, puede no querer comer. No estaría de más dejar que pase un rato, evitando forzarle.

La comida no se debe prolongar más de 30-45 minutos, para evitar que se convierta en un suplicio para el niño. Transcurrido un tiempo prudencial se le cambia al siguiente plato sin ningún tipo de drama, ni comentarios. Eso sí, no se le debe dar nada de comer hasta la próxima comida.

 

Dr. Antonio Redondo Romero
Pediatra – Alicante
Hospital Vithas Medimar Internacional

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